miércoles, 4 de marzo de 2009

Nosotras las mujeres.

Juana, la poetiza uruguaya quizá más renombrada en el siglo pasado tuvo que trangredir reglas. Para hacerse famosa tuvo que hacerlo. Lo hizo con poemas, muchas otras con la pluma también se hicieron transgresoras y se hicieron conocer. Dejaron las cacerolas, depusieron la tarea de ser sólo un útero viviente y fueron enfermeras, bibliotecarias, médicas, científicas, periodistas, escritoras, poetas...o monjas.
Y sí, ningún rol de eso era para nosotras, tampoco el de enseñar lo era. Hasta que notaron que era tarea menor, no de menores que eso es otro cantar. Tarea menor mezclarse con los niños y soportar sus llantos y sus berridos. Debe de haber descansado en alguna voluntad política. Y más o menos lo mismo sucedió con la enfermería. Lo más sucio y menos remunerado seguro que lo hacemos mejor.
Pero con las poetas es otra cosa, ésas en la época de la Sagrada Inquisición, seguro que las quemaban vivas. Porque una cuando delira en verso, libre o rimado, los versos trangreden el lenguaje, se sacan astillas con los sueños, se meten con todas las fantasías, erotizan, son locos, sacuden prejuicios, los versos van más allá de todas las transgresiones.
Estoy segura que mucha poetiza tuvo que sufrir miradas sospechosas aún hace poco años. El recuerdo de Marosa Di Giorgio viene a mi mente. Un día voy a contarles la historia de cómo la conocí y de quién era para los salteños Marosa antes de ser tan famosa. Claro porque también es eso: si una se hace inefablemente notoria, bueno, ahí capaz te perdonan algo. También es otro cantar si una se hace famosa liberando locuras en verso o con un rostro y un cuerpo de Eva renacida en Barbie...Son cosas diferentes, la sociedad entiende que una moderna Eva- Barbie es menos peligrosa que una erótica Marosa incomprensible.
Y por qué todo esto?
Porque el 8 de marzo nos asignaron un día: El día internacional de la mujer.
Y hoy no voy a poner ninguna imagen, ni siquiera un lindo video.
Hoy soy yo acá con ustedes, tecleo y pienso en los millares de abuelas que nos precedieron sin gozar del sexo, sin poder votar, sin poder liberarse económicamente y hablando después del marido si él lo permitía.
Hoy sin imagen para mí: recordar a mi abuela, una tana que era capaz de levantar una chacra con sus manos, parir hijos y mantener una familia y nunca supo que fue mi abanderada del feminismo.
Hoy sin fotos, sin videos, un brindis, largo y sostenido por la represión ejercida por el patriarcado para que nunca más, por las mujeres que todavía soportan vejaciones y malos tratos, por las que aún no pueden y por las que se creen que ya son libres y son esclavas de un mercadeo cotidiano e insano.
Para todas nosotras mis palabras de esta noche.
Salud mujeres del mundo, hoy comenzamos a brindar por nosotras, terminaremos tarde en la madrugada del ocho de marzo. Si nos dejan, y si no nos dejan: también.

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Enrique Medina