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domingo, 27 de junio de 2010

¿Cocinamos una cazuela para el viernes 2 de julio?


Malu, mi compañera bloguera me ha desafiado más de una vez para ver si soy capaz de poner una receta de cocina en este blog. Probablemente cree que estoy reñida con ollas y cacerolas, pero no es así. Cocino desde muy tierna edad, porque me crié entre mujeres que –si bien se trataban de emancipar económicamente- venían de familias italianas donde la cocina era un imperativo para todas.
Así que desde niña, me daban pedacitos de masa que moldeaba como podía y por supuesto, después comía mis supuestos “fideos”.

Por lo tanto, querida Malu, acepto el desafío y voy a dar una receta típica para combatir estos fríos invernales y –si se cuadra, mirar a la celeste en la TV mientras se disfruta-.
La cazuela no tiene mayores inconvenientes, simplemente se trata conseguir buenos ingredientes y hacerlos en una olla de barro, o también en una ESSEN argentina de esas pesadas con proceso antiadherente. El mejor fuego para este tipo de platos es el que se llama tradicionalmente “corona”-apenas la llama encendida- o sea fuego bajo.

Ingredientes:
Un chorizo cantinpalo
Un paquete de lentejones de 450 gramos
3 dientes de ajo
2 zanahorias
2 cebollas pequeñas
1 ají rojo
1 ají verde
Un caldito de sopa de verduras
1 lata de tomates perita o un envase de extracto de tomate
4 papas medianas
2 boniatos
Un manojo de “ciboulette” o de perejil para decorar al final
Condimentos a gusto. Sugerencias: adobo, pimentón picante, orégano, laurel, tomillo, romero.

Procedimiento:

Lo primero que tenemos que hacer es seleccionar previamente los lentejones y ponerlos en remojo la noche anterior. Hay que seleccionarlos porque no es inusual que aparezcan en el paquete pequeñas piedritas o lentejones muy negros que nos pueden afear la cazuela.
A la mañana siguiente, cortamos el cantinpalo en trozos- (es una especie de chorizo de tipo colorado; si no conseguimos puede usarse un chorizo español. Lo esencial es que tenga pimentón por el sabor y el color).
Pelamos los ajos.
Pelamos, rallamos/ cortamos todas las verduras en trozos pequeños. Yo suelo cortar la cebolla en rodajas finas, y rallo la zanahoria gruesa; eso es a gusto de cada uno. Ponemos un poco de aceite de oliva en la cacerola y lo calentamos, enseguida agregamos los dientes pelados de ajo y los retiramos apenas tomen color. Después va la cebolla cortada y la dejamos un momento al fuego. Es esencial que no se queme, es decir que no se pase porque le da gusto amargo a la comida. Después se agregan los otros ingredientes. Los damos vuelta un poco para que se impregnen con los gustitos. Agregamos los lentejones y de a poco, el caldo de verduras y la lata de tomates perita previamente licuados. Lo último que se agrega son las papas y los boniatos cortados en dados. Se deja cocer lentamente con la cacerola tapada. A la media hora, más o menos, se remueve un poco. Otro poquito más. La cazuela estará pronta cuando se pinchen las papas y los boniatos y el tenedor se hunda. Seguidamente se apaga y se deja reposar cinco minutos. Al final, se decora con ciboulette o perejil picado. Les tiene que quedar más o menos como la mía. Se sirve generosamente en cazuelitas de barro o en platos hondos. Se puede acompañar con pancito tostado. Y, como decía mi abuela: ¡ mangia que ti fa bene!

sábado, 26 de junio de 2010

Viejas nuevas emociones


Sábado 26 de junio de 2010

Hace apenas unos instantes que terminó el partido de fútbol entre Uruguay y Corea. El salteño Luis Alberto Suárez nos dio otra vez la oportunidad de salir a la calle con las banderas uruguayas a festejar, en este caso, el pasaje a los cuartos de final. Me imagino la alegría y el orgullo de Malu, mi socia bloguera, salteña y uruguaya por adopción. Hace muchos años que el país no tenía una emoción tan grande. La alegría es unánime. Hasta los vecinos que no se conocían, hoy, se abrazaron a banderazos.

Yo estoy pensando en algunos de mis exalumnos, divididos entre dos amores: Corea, por su origen, y Uruguay por sus años de estadía en el país.
El país de origen es el sus antepasados, los atan a él las raíces de los suyos y sus costumbres, pero al mismo tiempo, al haber vivido muchos años acá, en donde también se arraigaron porque tuvieron compañías entrañables con quienes compartieron estudios, amistad, y muchos momentos de felicidad, se han sentido “tironeados” entre las dos banderas de sus sentimientos más profundos.
La elocuencia gráfica que tiene la imagen, calla mis palabras.

lunes, 21 de junio de 2010

Última noticia: Saramago no murió.




Absolumante falso. Quién lo haya dicho, quién haya realizado su obituario es ingenuo o miente, prefiero elegir por ética al prójimo, lo primero. El duelo de Portugal es ridículo y el mismo Saramago llora de risa por eso.
Pero...¿ cómo va a morir alguien que entedió que el mundo está ciego? ¿ Cómo estaría muerto alguien que sabe que si la muerte para de venir al mundo el mundo deja de ser lo que es?( Las Intermitencias de la muerte), y cómo pero cómo se va a morir alguien que se batió a duelo con la religión sin vergüenza de exponer la verdadera historia de Jesús y de Caín, que para él acontecieron así...Como moriría alguien de prosa tan ágil que tuvimos que aprender a leer de nuevo porque desafiando las comas y puntos, desafiando las clásicas formas del lenguaje nos propuso otra, cómo va a estar de verdad muerto quién imaginó aquella balsa de piedra que flota con continete y todo.
Pero más que nada, nadie que se de cuenta, siendo el mejor del mundo, que no sabe aún escribir para niños como lo dice en La Flor Más Bonita del Mundo, nadie con esa claridad se muere.
La muerte es oscuridad y olvido, Saramago, lo declaro acá, no está muerto.
Acaso de vacaciones temporales con algún otro de esos que no nos dejan nunca.
Andará riéndose de los elefantes que hicieron viajar por media Europa, o divirtiéndose con su forma de ver los discursos políticos en Ensayo sobre la lucidez, quizá anda con Todos los nombres a cuesta, pero no está muerto.
Quiero que quede bien claro, no está muerto.

viernes, 18 de junio de 2010

CONMEMORACIÓN DEL 19 DE JUNIO

Siguiendo las instrucciones de mi colega bloguera voy a escribir algo sobre esta fecha memorable.

En realidad, el 19 de junio, hasta hace poco, fue para mí, una intensísima fuente de preocupaciones. Como coordinadora docente, tenía que preparar la Ceremonia de la Jura de la Bandera en conexión con Primaria y la Promesa del alumnado del primer año escolar. Los de sexto hablaban sobre el Natalicio de Artigas, y repetían una frase que aparecía-creo yo- en sus libros de texto, según la cual las últimas palabras de Artigas fueron: ¡”Mi caballo! ¡Tráiganme mi caballo”! Nunca estuve de acuerdo con hacer repetir esas frases que quién sabe si fueron dichas o no, pero los niños parecían fascinados con ellas y finalmente había que aceptarlas.

Yo tuve en el liceo Manuel Rosé de la ciudad de Las Piedras un extraordinario profesor de Historia Nacional y Americana. Fue uno de los que más contribuyó para convertirme en una lectora crítica. Su sabiduría no era puramente histórica sino de la vida y sus circunstancias. Si el tema era Artigas, lo único que nos faltaba era que el prócer abriera la puerta del salón, entrara a nuestra clase y nos saludara cordialmente, pero no con sus frases célebres sino con un fuerte apretón de manos. Todos escuchábamos al profesor con devoción, nadie faltaba a sus clases, porque además de ser imprescindibles para el conocimiento, eran de una atractiva amenidad “salpicada” de anécdotas.
En la cercanía de esta fecha y con el doloroso recuerdo del monumento a Artigas en la Plaza Independencia, vejado por una banda de inadaptados, me da una gran congoja recordar que según lo que habíamos aprendido en esas fabulosas clases, Artigas no había sido el artífice de nuestra independencia, tal cual se concretó más adelante, porque sus ideales se relacionaban con la federación y confederación de los pueblos libres, -entre ellos- la Banda Oriental. También me acongoja recordar que murió confinado en Paraguay entre paraguayos y guaraníes misioneros y no en su tierra natal a la cual no quiso volver.
Me gustaría recordarlo hoy, con el título que le dieron allá: Karai Guazú: Gran Señor. El mejor título después del que le dieron sus contemporáneos: Protector de los Pueblos Libres.

Elijo para conmemorar su recuerdo una canción del argentino Andrés Calamaro, cantada por el uruguayo Alfredo Zitarrosa: “Adagio a mi país”. Si la federación de los pueblos libres de Artigas no pudo ser realidad aún, al menos forjémosla nosotros. ¿Por qué no? ¿Verdad?
Aquí estamos en este blog también Malu y yo. Argentina y uruguaya, respectivamente, tratando de llevarles -de común acuerdo- comentarios para leer y pensar.
Transcribo la letra de “Adagio a mi país”-en otras versiones el título es: “Adagio en mi país”- porque tiene un innegable sentido relacionado con las circunstancias pasadas y las actuales.

En mi país, qué tristeza,
La pobreza y el rencor…
Dice mi padre que ya llegará
Desde el fondo del tiempo otro tiempo
Y me dice que el sol brillará
Sobre un pueblo que él sueña labrando
Su verde solar.
En mi país, que tristeza
La pobreza y el rencor.
Tú no pediste la guerra
Madre Tierra, yo lo sé.
Dice mi padre que un solo traidor
Puede con mil valientes,
El siente que el pueblo en su inmenso dolor
Hoy se niega a beber en la fuente clara
Del honor.
En mi país somos duros,
El futuro lo dirá.
Canta mi pueblo una canción de paz
Detrás de cada puerta está alerta mi pueblo
Y ya nadie podrá silenciar su canción
Y mañana también cantará.
En mi país qué tibieza
Cuando empieza a amanecer
Dice mi pueblo que puede leer
En su mano de obrero el destino
Y que no hay adivino ni rey
Que le pueda marcar el camino
Que va a recorrer.
En mi país, qué tibieza
Cuando empieza a amanecer.




Abuelos eran los de antes...




Es verdad que la imagen del abuelo/ a sigue siendo la de antes.
Es verdad que coincide en nuestro país el natalicio de Artigas con la fiesta del día de los abuelos. ¿ Pura paradoja o se lo considera el abuelo del pueblo oriental?
Si así fuera estaríamos diciendo que los abuelos son esos héroes que nos salvan, son los más sabios, y los que han podido adelanterse al tiempo en el tiempo mismo.
No creo que sea el caso.
En nuestro país, hoy por hoy, estás viejo a los 50. No se encuentra trabajo después de los 45 y es poco el respeto a las opiniones de los adultos mayores que se tiene.
Abundan los geriátricos, así como los padres no pueden con los hijos, lo comentábamos en publicaciones anteriores, menos pueden con sus propios padres. La única posibilidad de seguir habitando la propia casa es una jubilaciòn sustentosa que permita el pago de servidumbre y personal especializado. Otras de las condiciones es llegar la vejez con la sabidurìa de " no molestar ni meterse en la vida de los hijos".
La figura de los abuelos para los niños de hoy son generalmente personas aùn activas o en el otro extremo, olvidadas. Si son activas tienen poco tiempo para la relación abuelos- nietos y si están olvidadas, ahí permenecen.
Tuve una abuela de otra época: pero era hiperocupada, pero era más que informada y tenía una relaciòn increíble con nosotros, sus más de veinte nietos. Tuve una abuela analfabeta que era imposible engañar con un cambio, que sabía cuentos maravillosos y los contaba, que podía jugar al truco a la par de cualquier hombre, que hacía el mejor vino de su región y podía hacer las factura de cerdo mejor que ningún marido, incluso, no la ayudaban más que sus hijas mujeres. Tuve una abuela majestuosamente increíble que no pude entender cuando la tuve, la miraba desde mi revelde adolescencia de los años 70 y me creía muy lejos de ella. Hoy sé que le debo mi tezón, mi reveldía, mi laboriosidad y muchas cosas más.
Mi abuela levantó sola con sus hijas dos chacras completas de frutales, alimentò bocas, coció para afuera, bordó para otros, fue matriarca de una familia infernalmente enorme que siempre pedía su autorización en las cosas importantes. Jamás faltó a muerte o nacimiento. Jamás ocultò su pensamiento y dijo siempre lo que sintió. No se puso cartel de feminista porque no sabía que era eso, sólo hizo de hombre y mujer, punto.
Le debo a mi abuela Rosa un libro con sus cuentos: porque eran cuentos que le contaron, cuentos que se inventaba oralmente para entretenernos, cuentos que narraba mientras cocía, bordaba o hacía manteca casera. Le debo un libro mientras mi memoria aún conserva fresco su perfume a mujer limpia pero de campo.
En fin que quería recordarla mientras nos preparamos para recordar el natalicio de ese señor visionario que muriò exilado, don José Artigas, porque es bueno el recuerdo, hace bien.

miércoles, 16 de junio de 2010

Y...¿ si seguimos jugando?


Porque en el mundo adulto hay muchos juegos: ¿o no?
Hay adultos que siguen jugando a las cartas, y muchas veces por sumas considerables.
Los hay que juegan en el casino, ni puedo saber por las cantidades que apuestan.
Pero hay jugadores barriales de quinela, tómbola y otros...juego se azar y/ o de suerte.
Hay adultos que juegan con los aparatos de sobrinos o hijos en su computadora y hay solitarios que haciendo gala de su nombre, juegan solitario con cartas o en la computadora.
Hay otros que juegan juegos más placenteros y los hay de juegos peligrosos.
Los domingo de la clásica lotería familiar: ¿ dónde están?
Han desaparecidos muchos juegos y han aparecido otros: pero en su inmensa mayoría los actuales son menos familieros que los de antes.
Los niños de hoy como dice Alfa, tienen que tener computarizado hasta sus juegos. No pueden con ellos, no pueden con la vida de sus niños sus padres. Entonces les organizan hasta las horas de juegos que suelen ser juegos organizados por mentes un poco más dañinas que robotizan o engañan. Y así sin parar: hay niños que tempranamente comienzan a jugar con tabaco, alcohol y otras cosas.
Y esto no es un tango diciendo que antes no pasaba: sí pasaba, no esto, otras cosas pero, la presencia de la familia era otra y la del juego, también.
Si será cierto esto que si uno en su docencia organiza juegos de rayuela, payana, ping pong, elástico, etc, los niños se entusiasman tanto que nos miran diciendo como es posible que esta gente tuviera estos juegos maravillosos escondidos.
Entre juego y juego, también vamos escondiendo la risa.
¿ Cuántas veces sonríe un bebé por dìa? Cerca de mil.
...¿ Y un adulto?
Lo dejo acá...el final me da pena.

martes, 15 de junio de 2010

¿A qué jugamos?

Malu concluyó su intervención con la pregunta: ¿jugamos? Yo comienzo con esta otra:
¿A qué jugamos?

En un mundo que se ha transformado tanto en pocos años, esta pregunta ya no tiene la vigencia que tenía en mi infancia.
Las personitas pequeñas actualmente están demasiado “marcadas” por los adultos con sus horarios estrictos y sus agendas acotadas y repletas de obligaciones: clases de inglés, clases de baile, clases de gimnasia, clases de computación, clases de música, además de la escuela y sus infaltables deberes domiciliarios. Clases y más clases. No importa si hay o no condiciones para todo esto, lo importante es mantenerlos ocupados y que molesten lo menos posible a sus progenitores. Ahora que se acercan las vacaciones julianas, las ofertas para “entretener” a los más pequeños se multiplican. Ya no es únicamente Mc Donald’s y su pelotero. Ahora hay especialistas y lugares exclusivos para que se entretengan sin causar molestias a nadie. La cuestión es que hay que “enchufarlos” en algún lado con actividades.
En mi larga carrera docente he visto a muchos adultos preocupados por la llegada de las vacaciones. Más o menos con esta pregunta a flor de labios:
¿Qué hago durante quince días(o el tiempo que sea) con los chicos en casa?

Yo no recuerdo que mi madre se preocupara por tenerme ocupada cuando llegaban las vacaciones. La época no era de tanto estrés y demanda. Yo podía jugar por diversión. Las vacaciones las asocio con más tiempo libre para pasear, leer y jugar. Los juegos podían ser de distintas clases. Ese ¿a qué jugamos? tenía libertad de elección según la época y el lugar. El verano permitía más juegos al aire libre, el invierno se prestaba más para la lectura de cuentos en un hogar tibio y para ir al cine.

Una actividad de interior divertida y placentera podía ser jugar con las palabras.


En el nuevo mundo cibernético hay varias páginas dedicadas a esos juegos. Y es otra opción posible.
Sin embargo, también tenemos “canciones para jugar”, pues aún quedan en el acerbo popular muchas basadas en las reiteraciones de frases sin sentido, como las jitanjáforas y otras tradicionales que han sido cantadas por grandes intérpretes. En las próximas vacaciones les propongo aprender alguna con los más chicos y divertirse juntos por un rato, porque como decía Picasso: “Lleva tiempo llegar a ser joven”.

Elegí este vídeo por que es mejor la resolución, pero también hay uno que podrán ver con las dos intérpretes que elegí bailando y cantando “Burundanga”.
Al mocerío que quizás no las conozca les comento que Lola Flores fue y es una gran bailaora y cantaora española, y Celia Cruz fue y es la cubana universal, la reina de los ritmos caribeños. ¡Disfrútenlas y jueguen!

sábado, 12 de junio de 2010

Sobre el juego.






Mi compañera de blog tocó un punto sobre el que no se puede agregar demasiado. El libro de Galeano que menciona es vital en su lectura y su interpretación de este deporte que hoy, moviliza al mundo a través de la TV...aunque los privilegiados de siempre, no hablo de los jugadores, puedan estar en vivo mirando este juego, pasión de multitudes como se le ha dicho.
El tema va por el juego. Saliendo un poco de la movilización de este deporte tan popular, me voy moviendo para la terminología del jugar. Verbo que sin dudas utilizan las especies animales. Y la nuestra no es excepción.
Jugamos porque necesitamos crecer, jugamos para imitar, jugamos para disfrutar.
En el camino del crecimiento se va perdiendo el juego y el disfrute. Las personas serias juegan menos,disfrutan menos de este verbo que debería de ser, sin dudas, uno de los esenciales.
En el campo deportivo, ya no sólo en el fútbol, el juego se ha visto manejado por grandes empresas que han hecho del mero deporte una industria productiva de dinero. Y como siempre caigo en la cuenta que: cuando se mueve mucho dinero comienzo a sospechar que se perdió la esencia.
Pero en este deporte en especial, no porque sea tan especial sino porque en nuestros países se practican desde que los niños son pequeños, se le ha quitado todo lo disfrutable. Y no hablo de los desmanes que se arman después de los partidos o durante ellos, que ya es necesario un estudio sociológico al respecto, sino que quiero hablar del disfrute que se les quita a los niños. Conocido es que muchos padres van a ver a sus hijos y gritan cosas como: matálo...pegale...o similares reseñas sobre cómo deben de hacer para liquidar al rival.
No van a ver los niños divertirse, no se estima que el juego para un niño de 5 a 12 años pueda ser divertido, no señor, tienen que ganar y si la habilidad no alcanza, la violencia impera y el padre o madre, se lo gritan sin vergüenza a su hijo.
Entonces, estamos hablando de juego. Y era diversión, era crecimiento, era parte de nuestra naturaleza para disfrutar. Pero luego no, luego es imperativo derrotar, a cualquier costo.
Tal vez entonces lo que sucede en las mentadas " barras bravas" nace mucho antes que estos jóvenes vayan a la cancha. Son conjeturas y divagaciones, ustedes comprenderán que en este blog vamos hilvanando divagues que tienen muchas aristas pero casi todas, creo yo, muy humanas.
Voy a ir dejando esto de hablar del juego porque además, no sólo en el deporte se ha desdibujado su concepto, sino en la vida misma. Es un tema muy extenso como para agotarlo de una sola vez.
Yo juego
Tu juegas...
¿ jugamos?

viernes, 11 de junio de 2010

¿El fútbol es una pasión?

Mi querida compañera bloguera dejó esta pregunta pendiente en su intervención: ¿Por qué despierta tanta pasión el fútbol?

Y yo también planteo un cuestionamiento para empezar: ¿el fútbol es una pasión? Contesto de inmediato que sí. Es una pasión, porque la concebimos como un sentimiento incontenible que rebasa todos los elementos racionales y que produce alegría, tristeza y también-lamentablemente- muchas reacciones violentas. El fútbol es una especie de religión.
Hay varias versiones históricas sobre el comienzo de este deporte. Incluso en América se sabe que tuvo orígenes rituales. Entre antiguos aborígenes, fue un juego a muerte. Al capitán de los jugadores ganadores o perdedores- hay distintas versiones-, se le cortaba la cabeza. Es decir que el triunfo o la derrota, -según la interpretación- se pagaba con la vida. Quizás actualmente nos parece algo fuera de lugar. Sin embargo, sabemos que el capitán de un barco, muere con su nave- y sin ir más lejos, un director técnico actual de fútbol, después de sacar campeón al equipo, renunció a su cargo. La renuncia es también una forma de morir o de perder la cabeza, o de hundirse con el barco.
Me estoy refiriendo al caso de Diego Aguirre, el director técnico del equipo uruguayo Peñarol. Se va con la plenitud del triunfo, antes de que esa alegría se transforme en una tristeza sin límites.
Hay que reconocer en este deporte la antigua lucha entre el bien y el mal.
El bien para el equipo ganador, para los jugadores que se transforman en ídolos de multitudes, para los hinchas que celebran los triunfos. El mal para el que pierde, para los ídolos que dejan de serlo y para los hinchas que se convierten en energúmenos desenfrenados porque su equipo no rinde o no brinda la conquista ansiada desesperadamente.
Hoy es 11 de junio de 2010, comenzó el Mundial de fútbol. Uruguay empató con Francia en un partido que paralizó a todo el país. En Montevideo cesaron todos los ruidos, no había nadie en las calles, la gente se recluyó donde pudo para ver o al menos oír el partido. Hasta los más indiferentes quisieron saber cómo le iba a Uruguay. La pasión se adueñó de las calles desde muy temprano. En la rambla los jóvenes se paseaban envueltos en la bandera uruguaya y en muchos balcones se la veía ondear, acariciada por el pampero como en la marcha Mi Bandera.
Todo puede ocurrir por una pasión como ésta.
Veamos un poco qué nos cuenta Eduardo Galeano sobre “futbolerías”.
De paso, recomiendo uno de sus libros: “El fútbol a sol y sombra”.
Un libro que hizo lectores a muchos que no gustaban de la lectura.





¿ Sabían qué...?





Les dejo un primer material aunque en realidad lo que quería saber es: ¿ por qué despierta tanta pasión el fútbol?

sábado, 5 de junio de 2010

Educación para la Ecología.




Es un lindo tema el que tomó la compañera de ruta. Me rechina un poco eso del medio ambiente porque no sé donde queda la otra mitad, pero a mí me rechinan muchas frases como esa y otras que son eufemismos que se usan sin mucha razón. Y eso que tenemos un rico vocabulario según los entendidos. El día del medio ambiente me hace suponer que hay otro medio, de cuál de los dos será el día.
La compañera habla de Montevideo, su ciudad y por ende la capital del país. Otra frase que me rechina es cuando se dice Montevideo y el interior. Hace suponer que Montevideo está en el exterior. Pero no era ese el tema, hace mucho que sabemos que vamos poniendo de moda ciertas frases sin ton ni son y ahí se quedan mal dichas por los siglos de los siglos.
Me quedé pensando en eso de la contaminación sonora que hoy acá, en Salto, es un mal menor. Y si me voy a la chacra de mi tía, apenas veinte kilómetros, no existe prácticamente. Me quedé pensando también en esas torres de ladrillos, preciosas, alejadas del suelo, donde la gente paga innumerables impuestos por vivir en el aire y mirando a los lejos.
He estado en estos días leyendo el último libro de Daniel Goleman: La inteligencia Ecológica y quedé gratamente sorprendida con su planteo aunque aún no terminé la lectura. Es el mismo autor que hace diez años transformó su libro Inteligencia Emocional en un best seller y que luego publicó también con mucho éxito, Inteligencia social.
Parece que antes de Goleman la gente andaba por este mundo sin quererse, sin entender que errar es humano, que el optimismo es una cualidad de resiliencia innata para sobrevivir. No, no es cierto, Goleman no descubrió todo esto sólo lo amenizó y lo colocó en un libro de fácil lectura y es más, lanzó la cruzada de analizar la ecuación inteligencia emocional versus coeficiente intelectual. Es más aún, dijo que el coeficiente intelectual sin inteligencia emocional debería de verse reducido porque un sabio pesimista no es tan sabio, un erudito sin empatía no es un erudito completo, porque enseñó de nuevo que el niño además de la curricula necesita ánimo, aliento, cariño y mucha confianza. En fin, Goleman colocó la intelegencia emocional a nivel de educación y no quiero saber que se habrá hecho en el mundo con eso. No soy pesimista pero, no se pueden enseñar autoestima y autoconfianza sin procesarlas primero.
Sin embargo hubo un antes y un después de ese libro de Goleman. También es cierto que se mezcla todo con todo y hubo mucho palabrerío barato con respecto a este libro que menciono.
Quiero recomendar, ya que la compañera Alfa recordó esto del medio ambiente, este nuevo libro de Goleman. No sé cuánto tiempo pase antes de que sea revolucionaria su propuesta y tal vez incluso, no ocurra nunca. En el libro propone una conciencia ecológica que parte de la instrucción real de cada uno de nosotros. Y cuando dice eso aclara que el mercado está plagado de mentiras " verdes". Mentiras que nos hacen creer más ecologistas y resultan sólo beneficiosas a los que las venden pero no al planeta.
Goleman hace un análisis profundo de la cadena de mensajes que hay que tener en cuenta para saber si un producto realmente contamina, créanme la cadena parece más un número infinito que posible, analiza desde el sueldo de los operarios hasta los distintos componentes que se sacan de la tierra y las máquinas que procesan. Realmente: si se pudiera comenzar a aprender y enseñar la manera de ser un humano ecológico, la revolución comenzaría como siempre en la educación. El planteo es más que interesante y el retorno a muchas cuestiones aborígenes del cuidado de la tierra emociona viniendo de un norteamericano, cuyo país es uno de los más agresores al medio ambiente.
Goleman también plantea la exigencia a las cadenas de productos, eso partiría de compradores educados, en boicotear los productos que no sean realmente ecológicos como la única manera de parar el destrozo. Qué gran verdad: lo único que puede parar los destrozos es la entrada de dinero en los bolsillos de los poderosos.
Mi pequeño grano de arena a este día es recomendar un libro: La inteligencia ecológica de Daniel Goleman, Editorial Vergara.

viernes, 4 de junio de 2010

5 DE JUNIO DÍA MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE

Son muchas las reflexiones que se pueden hacer en este día mundial del medio ambiente. Los aspectos relacionados con esta conmemoración son múltiples.
Por ese motivo, en esta intervención me dedicaré únicamente a uno de ellos.
Es uno de los que más preocupa en este Montevideo que viene creciendo en forma caótica.
En los barrios que se ponen de moda, se construyen hoteles, comercios de todo tipo, centros de esparcimiento juvenil y lugares gastronómicos. No existe ningún plan que defienda de los ruidos a los antiguos residentes.
No hay-tampoco- ninguna precaución para evitar la propagación de los sonidos que provienen de las instalaciones mecánicas y eléctricas situadas en los techos de las edificaciones y cuyas vibraciones se sienten todo el día. A éstas se le agregan los sonidos que producen los vehículos, las bocinas, las alarmas, los parlantes callejeros, la horrorosa música que ponen los comercios. Si no me creen vengan a desayunar o a almorzar en alguno de los locales del Centro, Pocitos o Punta Carretas.
No creo que puedan resistir más de treinta minutos sin deseos de gritar y huir buscando un lugar amable.
La CONTAMINACIÓN ACÚSTICA es un mal que nos ha atacado severamente en los últimos tiempos. No hay que ser un mago para adivinar el motivo por el cual en la última votación para elegir autoridades para gobernar la Intendencia, los ciudadanos se mostraron tan reticentes. La mala gestión no ha sido privativa de un único partido político. Ya han pasado todos por el poder, y los problemas lejos de desaparecer se han agudizado.
Montevideo no es la única ciudad que sufre contaminación acústica, por supuesto, pero es la ciudad donde nací, y es la que elegí-mal que me pese- para quedarme a vivir.
Los montevideanos no queremos ser como algunos personajes de Saramago.
Está comprobado que la contaminación acústica produce estrés, falta de concentración, y al final, sordera.
Vean el vídeo con el cual acompaño estas reflexiones. El personaje es Juan Bodoque, de Santiago de Chile. Cuando describe su sufrimiento al médico le comenta que tiene “un pito en el oído”. ¿Nunca experimentaron ustedes ese sufrimiento? Es enloquecedor.

¿Procederán como corresponde las nuevas autoridades?
¿Tendrán en cuenta que los decibeles que acá se consideran aceptables están en flagrante discrepancia con la Organización Mundial de la Salud?

Es deseable que estas conmemoraciones sirvan para llevar a la acción a los que tienen el poder para modificar las conductas negativas.

Por el bien de todos nosotros, los ciudadanos, ojalá que así sea.





Puerta

Puerta
Enrique Medina